Presentación (o aclaratoria):
No soy escritora ni poeta. No estudié literatura, ni filosofía, ni nada. El oficio que me permite vivir con dignidad lo aprendí trabajando. Soy simplemente asistente de alguien. Eso si… Aún no termino.
No soy escritora ni poeta. Mi infancia no fue dura, al contrario. En mis padres tengo ejemplos de amor y de todo lo que bueno que quisiera llegar a mencionar. Pero me extendería mucho. Sólo diré que ellos me hicieron la mujer que soy, porque me hicieron, primero, la niña afortunada que fui.
No soy escritora ni poeta. Y nací en una tierra de sangre caliente. De venas resecas porque casi nunca llueve pero donde el sol y la brisa resplandecen intensos, cristalinos, frescos y libres para el que quiera tomarlos. Donde abundan las playas doradas que esperan eternamente el beso Caribe y donde mis pies descalzos se regocijaban entre el ardor de sus arenas y la calidez refrescante de sus aguas verde-azules.
No soy escritora ni poeta. Soy una mujer de moldeada en el bahareque de una tierra maravillosa que hereda a sus hijas, sin contemplación alguna, las curvas sinuosas de sus cerros y montañas, las depresiones de sus valles, la tersura de la piel de sus lagunas y esteros. Por mis venas corre el Orinoco. En mi pecho se encumbran los Picos Espejo y Bolívar con su neblina de deseo y las nieves incandescentes de su apasionado suelo. Es mi cabello como las madreselvas de mi Amazonas y mi corazón late al son de la curbeta y
No soy escritora ni poeta. Es sólo que Ana, aquella Ana maderada, me enseñó la “a”, luego la “e” y me marcó invariablemente. Sólo que Aquél, que amo tanto, me puso en las manos un día un libro de poemas, el primero, “El Humor y Amor” de Aquiles Nazoa. Propio para la edad que tenía entonces y para la que tengo ahora y… Aprendí para siempre.
No soy escritora ni poeta. Pero crecí mientras escribía diarios e historias. Mientras vivía a fuego lento pero arrasador e irrefrenable; mientras me hacía mujer con mi rebeldía a cuestas; mientras crecía, escribía y escribí siempre. Me enamoré apasionadamente y sin límites. Perdí frente a la muerte y creí que también yo moría y escribí para sobreponerme. He hecho mi vida y mientras tanto, escribo. Me he enamorado incontable cantidad de veces y escribo. Aún ahora lo hago, mientras aprendo y vivo.
No soy escritora ni poeta. No intenten contar mis versos, no hay métrica estudiada, académica, rebuscada o perfecta. Sé algunos conceptos, algunas definiciones, por simple placer de saberlo y aprender. Pero no encuentro que ello haga diferencia en la esencia, que es lo que me importa. Yo vivo lo que escribo y vivo lo que leo. Me he metido en las venas de los poemas que me han marcado, grabando sus compases y silencios en el alma. No les busco explicación, interpreto el sentimiento. Me visto con ellos. No cuento los versos o analizo las figuras, ni siquiera me los aprendo.
No soy escritora ni poeta. Me dejo llevar por lo que me regalan mis admirados. Aunque sus nombres no resuenen rimbombantes.
No soy escritora ni poeta. A veces hablo en verso; quizás hoy riman, mañana no. A veces la prosa me secuestra. A veces me rapta el silencio. Esto es lo que soy. Es sencillo. Es mi verbo y así escribo.
Celeste Deep
Cambalache
Me enamoré y aprendí...
… que Para Siempre dura, a lo sumo, tres meses.
…que mi Amor Imposible deja de ser mi Amor cuando ya no es Imposible.
…que el Primer Beso puede ser torpe y hasta grotesco, pero lo recuerdo con más detalle que el último.
…que el amor puede retrasarse, pero tarde o temprano llega, aunque sea para decir: - Estuve aquí, todo el tiempo.
…que el amor puede ser cuestión de uno solo, pero caben más de dos aunque nadie lo admita.
…que hasta el amor más profundo e intenso, pierde frente a la muerte.
…que no se puede vivir de recuerdos.
…que no se puede vivir esperando.
…que en el amor puedes no devolver lo que recibes, pero jamás, debes dar lo contrario.
…que el amor no es una batalla que se gana sin apostar la vida en ella.
…que la mejor pelea para el amor es
…que el amor por sí solo no sobrevive.
…que no basta con sentirlo.
…que el amor y el sexo son dos cosas muy distintas y escasamente se manifiestan los dos al mismo tiempo.
…que la pasión es efímera y se mimetiza hábilmente.
…que las mariposas en el estómago, siempre logran escapar.
…que cerramos los ojos al besar, pero tarde o temprano los volvemos a abrir.
…que se puede vivir sin amor pero es peor que vivir con él.
…que el amor puede ser el centro de todo, pero no es lo único.
…que puedo volar.
…que el amor puede hacerme poner los pies en la tierra, con paracaídas o sin él.
…que soy libre por naturaleza.
…que la fidelidad es una solo elección utópica y es una gran ingenuidad pretenderla.
…que la curva suave de una espalda desnuda puede hacerme perder el sentido, con amor o sin él.
…que el aire exhalado es alucinógeno con amor y veneno sin él.
…que cuando alcanzo mi sueño, parpadeo y tengo otro.
…que lo que se haga bajo los efectos del flechazo, siempre hace sonreír al recuerdo.
…que hay que aprovechar el tiempo que duran esos efectos, porque es exiguo.
…que no le pertenezco a nadie más que a mi misma.
…que el amor no encadena.
…que el amor no controla mis deseos, ni los contiene, ni los cohíbe.
…que mi cuerpo es mío, pero tengo un corazón promiscuo y aún así el segundo es más leal que el primero.
…que el amor es una especie de Locura temporal y espontánea.
…que también es una locura darle la espalda y es una locura huir de él.
…que no todas las locuras son Amor.
…que soy capaz de no permitirme sucumbir a sus embates.
…que sólo juego con una opción: todo o nada. No importa lo que dure.
…que nunca he perdido.
…que el néctar de algunas bocas es narcótico y adictivo, que su sobredosis es peligrosa pero puedo superarla y seguir adelante.
…que solo se puede volver a amar mirando al frente.
…que puedo entregarme completamente y aún así, no es suficiente.
…que pido tanto como doy.
…que es mentira que el amor nada espera.
…que el amor a primera vista existe y es el del primero que lo agarre.
…que el amor es y punto!
¡Ahora, muéstrame lo tuyo! ¡Enséñame tú!
Naufragio
*
Mar de Amor
**
Con lágrimas a flor de piel
Y besos a ras del alma.
Con palabras atrapadas
Que ahogan en la garganta.
Con los ojos inundados
De caricias que se guardan
Y un huracán de silencio
Que me quema las entrañas.
Así, a la deriva, voy.
Y el desamor me naufraga.
Entre su ausencia
Y la mía,
Muero varada en la nada.
***
Mal de Amor
****
Piel,
Alma,
Silencio,
Ausencia.
Nada.
*****
Desamor
******
Funeral
En el ocaso de mi esperanza
Llueve la luz de la partida,
Comulga la brisa en
Certeza
Duelen mis manos, duele mi alma,
Duelen mis pasos mientras te alejas.
Llora la noche fiel que me aguarda
En la oscura pena de mi tristeza.
El pañuelo blanco de esa mirada
Que nunca vi se agita al viento.
Me dice adiós, me dice basta,
Lanza paladas al sufrimiento.
En el ocaso de mi esperanza
Descansa mi alma, reposa el cuerpo,
Vacíos ambos por esperarte.
De tanto amarte los dos han muerto.
Las flores blancas que ahora descansan
En mi cadáver pálido y frío
Son sólo estrellas que se abalanzan
Desde la noche que ahora inspiro.
Guardan silencio todas las ansias.
Enmudecieron breves los lirios.
Sólo ilumina mis restos yertos
Sombrío y débil un blanco cirio.
Que triste sombra, que pena ingrata,
Que lúgubre cierra la vida en mi!
Tus manos blancas pasan
Y
Ojala perdones que necesitara
Poder morirme para vivir,
Atrás dejarte para olvidarme
Y resucitar sin ser más de ti.
In fraganti
La noche aún no existía cuando la vi la primera vez. Creo que eran alrededor las 10 en un día soleado y fresco. No pude evitar seguirla. Sentí que su mirada me lo exigía, me lo ordenaba, me suplicaba.
Me quedé allí. Hipnotizada por las gárgolas que adornaban el portal. Petrificada en la oscuridad de aquella entrada. Mirando fijamente sin enfocar nada. Me quedé allí. Pasaron horas y horas. El sol me quemaba
Hasta que ya no sentía el sol abrazándome, ni calor, ni hambre, ni sed, ni cansancio alguno y pensé que ya no podía seguir esperando sin hacer nada. Me levanté y marqué los pasos que me llevaron hasta aquel lugar, con pétalos de una margarita marchita que encontré tirada en el piso.
Volví a mi refugio. Era un día claro y fresco. La brisa me acariciaba y la piel me exigía cambiarla por ella. Mis ojos de pronto aborrecían la luz de aquel sol y me exigían cambiarla por la luz de aquella mirada. Mis oídos se quejaban del murmullo de mis pasos y me clamaban cambiarlos por las campanadas de aquella sonrisa. No soportaba el aroma del día, me asfixiaba el olor de los robles, necesitaba el perfume de aquella piel.
Necesitaba una excusa para saciar todo lo que aquel encuentro había desatado en mí… pero ¿cuál, si ni me conocía? ¿Cómo hacerla salir de aquel claustro? ¿Cómo volver a abrir aquella oscura y pesada puerta vieja? ¿Para qué habría de asomarse al llamado anónimo de mi simple existencia? Mi cerebro casi se deshace en preguntas y de pronto eché a andar
De pronto la respuesta se iluminó en mí. Abrí gavetas y cajones, revolví mis baúles y mis cofres, sacudí mis sábanas y moví mis muebles. Tomé todo lo que encontré y pensé que podía serme útil. Pinturas, pinceles, cinceles, martillos, una varita mágica y dos destornilladores, escarcha, un par de metras, velas, incienso… Tomé mis herramientas y volví.
Decidí hacer que saliera. Inventé una excusa ¿Qué tal si algo maravilloso sucediera? Correría a la ventana para mirar con claridad y entonces yo aprovecharía para robar su mirada y su sonrisa. Su perfume, su piel. La tendría a ella tal y como mi ser absurdo la reclamaba.
Subí el muro de piedra colgándome de los colmillos de las gárgolas del portal. El sol brillaba más que nunca. Como queriendo impedirme que lograra mi objetivo. No me rendí. Llegué hasta el balcón. Y preparé mis lanzas de pinceles que envenené con la pintura más oscura que tenía. Desde esa altura no podía fallar. Me fabriqué un arco con lo que encontré en el camino y disparé al insoportable azul del cielo. Lo herí de muerte y comenzó a desangrarse en amarillos, naranjas y rojos intensos. El sol, enfurecido ardía en sí mismo tratando de incinerarme. Mi piel se tornaba en sus colores, pero era tarde. Poco a poco el veneno de mis lanzas fue tiñendo la sangre que se derramaba de la herida que le provoqué al cielo y el sol iba desmayándose en el horizonte. La oscuridad de mis pinturas se diluyó en el vacío y ya no podía ver nada.
En la oscuridad se hizo el silencio. La gente corría buscando desesperadamente la luz y tratando de salvar al día claro y fresco que agonizaba. Miraban aterrorizados hacia el cielo y yo, desde aquel balcón, luchaba para encender las velas que me alumbraran para terminar mi misión. Así, saqué el par de metras que me llevé por si fallaba. Cubrí una con escarcha blanca y la lancé al cielo. Tomé la escarcha que me quedó y la esparcí en el aire con un soplido. Tomé la varita mágica y encendí el fulgor de mi obra. La partí en dos para que nadie pudiera deshacer mi creación y toqué a su ventana para regalarle el aroma del incienso con que quería perfumar lo que había creado para sorprenderla.
El temor
Unas manos frías me tomaron a traición. Apresaron las mías y me sometieron. Me llevaron lejos de ella. Me apartaron para siempre. Ella nunca comprendió mi intensión. Sólo quería que se asomara a la ventana, para mí.
Hoy reposo en el asqueroso calabozo de su olvido y cumplo mi condena de haber sido sorprendida in fraganti, apagando los días para que aquella mujer asomara su hermosura a
Es sólo que no supe explicarle.
Sólo me quedó una metra escondida en mi vacío, que usaré para desangrar mi noche si pierdo la esperanza de volver a verla.
Y ya… ¡¿Para qué?!
